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Familia: Cómo moldea la personalidad ser el hijo del medio
Reproducción de la sesion Vida y Salud del MERCURIO
Entrevista a Patricia Araya V.
EL MERCURIO
Jueves 17 de Julio de 2003
Familia:
Cómo moldea la personalidad ser el hijo del medio
El lugar que un niño ocupa entre los hermanos influye en los mecanismos que desarrolla para ganarse un espacio en la familia.
Claudia Díaz Restrello
"Cuando eres el hermano del medio, no es que te traten mal, sino que no te tratan, entonces tienes que hacerte notar. Debes ganarte tu espacio, porque no tienes nada que te haga especial", dice Andrea (28), abogada, quien reconoce que cuando chica siempre sufrió del "síndrome del hijo del medio".
Aunque dependerá de la personalidad del niño y del estilo de crianza de los padres, entre otros factores, el lugar que los hijos ocupan en la familia puede influir en el desarrollo de ciertos rasgos de personalidad, al determinar la forma de relacionarse con el grupo.
Es sabido que el mayor suele cargar con las expectativas de los padres, y que el menor es el regalón de la casa; pero son los hijos del medio quienes a veces deben luchar para ganarse un lugar en la familia.
"El primer hijo, y hombre, siempre fue el delirio de mi papá, así que tenía su espacio consolidado. Y cuando nació mi hermana chica, todos enloquecieron con la guagua nueva. De ser la que tenían que cuidar, yo pasé a ser una más", recuerda Andrea.
"Al estar en el medio, te quedas en el vacío, y te vuelves más independiente. Compites con tus hermanos y tratas de destacar en otras cosas. Yo tenía que ganarme a mis papás por mi inteligencia", cuenta.
Lucha por la atención
Para Marcelo (29), periodista, también fue el rendimiento académico lo que lo ayudó a perfilarse entre dos hermanos más consentidos que él. Relata que el mayor tenía una personalidad avasalladora y siempre obtenía lo que quería. Y a su hermana la sobreprotegían por ser la menor y por ser mujer.
"Yo nunca lo cuestioné ni sentí que no me quisieran. Pero con el tiempo mi papá reconoció que a mí me postergaban, y me pidió disculpas", confiesa Marcelo.
"La posición que ocupan los hijos al interior de la familia tiene ventajas y desventajas que permiten que los niños, de acuerdo con sus características, se vayan desarrollando de determinada manera", afirma Cecilia Domich, sicóloga clínica y académica de la Universidad Central.
"A veces los hijos del medio sienten que tienen menos privilegios, porque el mayor y el menor ocupan la atención de los padres, y ellos están en una situación menos visible. En ese sentido, muchos se perciben como menos valorados", indica la profesional.
Se sienten los herederos de todas las cosas: la ropa, los juguetes. Especialmente si son del mismo sexo que su primer hermano o hermana.
La sicóloga infanto-juvenil Patricia Araya coincide: "El hijo del medio tiende a sentir una pérdida en la singularidad. No hay que olvidar que lo que los niños quieren de los papás es atención".
Luego, una nueva guagua viene a robarse la película. En este escenario, quien ocupa la posición intermedia tiene que utilizar sus recursos para hacerse notar, y muchas veces busca destacar fuera del hogar, en su grupo de pares.
"Los hijos del medio, en general, tienden a establecer más relaciones externas a la familia; son más independientes. Son siempre los que andan de paseo, los que están invitados a algún lugar: buscan afuera una posición más sobresaliente", indica Cecilia Domich.
La gran ventaja de no estar siempre en la mira de los padres es que estos niños tienen mayor libertad para desarrollarse y explorar el mundo. La sicóloga ha observado que tienden a ser más perceptivos y tranquilos, menos ansiosos.
Responsables y exitosos
Las especialistas enfatizan que la forma en que afecte a una persona su posición en la familia va a depender de otros factores, como el género - si es mujer u hombre, así como el sexo de sus hermanos- , la cantidad de hijos, la diferencia de edad entre ellos o la etapa de la vida en que los padres los tuvieron.
También influyen las características de personalidad propias del niño, las circunstancias de cada familia y el bagaje personal de los padres; por ejemplo, el lugar que ellos tuvieron en sus familias de origen.
Para José Francisco Aldunate (18), ocupar el lugar del medio entre cinco hermanos (cuatro hombres y una mujer) tiene más ventajas que desventajas. Asegura que ser "el jamón del sándwich" le permite llevarse bien con todos, al no tener mucha diferencia de edad con ninguno.
"Mis papás me consideran súper importante, pero al mismo tiempo tengo más libertad. Por ejemplo, para los carretes, porque después de los dos mayores, ya se han ido relajando un poco con los permisos".
En los casos de Andrea y de Marcelo, su situación como hijos del medio les sirvió para ser los más autónomos y maduros de la casa. "Como mi hermano era más consentido, se volvió más irresponsable, y yo terminé asumiendo el papel de hermana mayor - cuenta Andrea- . Luché por ese rol, y lo conseguí".
"Me vi obligado a rascarme con mis propias uñas desde chico, y mis papás tenían total confianza en mí - afirma Marcelo- . Tienes que buscar formas de hacerte notar, y generalmente es por cosas positivas. Al final, los del medio son a los que les va bien en todo".
Peleas entre hermanos
La familia es el primer agente de socialización. En ella se aprenden las primeras conductas, que luego se reproducen en el colegio y en el mundo social, explica la sicóloga Cecilia Domich.
"La competencia entre los hermanos puede ser bien llevada por los padres, en la medida en que ellos sean justos, y puede transformarse en espíritu de superación, porque el hermano mayor es un modelo".
Pero los papás deben tener cuidado al tratar de mediar en las peleas, para no favorecer a un hijo sobre los demás. Si las rivalidades no se resuelven de manera sana, los hijos pueden quedar enfrascados en una competencia permanente con los hermanos, que continúa en la vida adulta.
"La agresión, la solidaridad, la rivalidad, los celos se aprenden tempranamente. Por eso es importante que los padres traten de ser lo más equilibrados posible con sus recursos, su
tiempo y su energía", dice la profesional.
Sin embargo, ser justos no significa darles a todos lo mismo, aclara Patricia Araya, sicóloga infanto-juvenil. "Hay que reconocer que cada hijo es distinto: destacar sus fortalezas y apoyarlo en sus debilidades, en vez de compararlo con los otros. Darle a cada uno lo que necesita: eso es lo justo".
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